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Colores de otoño: la rosa de Siria

La rosa de Siria, Hibiscus syriacus L., es un arbusto muy utilizado en jardinería urbana.

Las flores son blancas, rosas, azules o púrpuras, dependiendo de la variedad de cultivo.

Aunque solo duran un día, se producen en tal abundancia en la época de floración que siempre hay alguna fresca en la planta y, tantas caídas en el suelo, que son la delicia  del botánico tintorero.

La variedad de flores azules de la rosa de Siria, H. syriacus var. coerulea, florece desde finales del verano hasta mediados del otoño.

El ejemplar de nuestra imagen crece en Madrid, en el parque de Roma, en el barrio de la Estrella, formando setos alrededor del estanque.

Hemos teñido una madejita de lana xisqueta (mordentada con alumbre y crémor tártaro), con flores marchitas recogidas del suelo. No hemos usado ningún entonador.

El baño de tinte es muy potente, la lana toma enseguida un color gris azulado que no palidece ni con el lavado, ni con la exposición a la luz. Es un bonito tono de gris que nunca habíamos logrado en nuestros anteriores experimentos.

hibiscus-syriacus-lamina

Además, después de acabar de teñir, el resto del baño sirve para hacer aguadas como si fuese acuarela.

Sobre el color verde

SOBRE EL COLOR VERDE

Definir el verde como un color  único es imposible.

Es uno de los tres colores primarios de la luz (rojo, verde, azul),  pero en el mundo de los pigmentos se le considera un color secundario que se consigue con la mezcla de dos primarios (azul y amarillo).

Comentamos a continuación algunos de los muchos tonos de verde que existen:

 

Verde celadón

Es el verde de un tipo de porcelana llamada celadón, que se empezó a fabricar en China durante el gobierno de la dinastía Song (siglos X- XIII).

Se caracteriza porque la pasta cerámica de las piezas tiene un vidriado acuoso con óxido de hierro, que le da un tono parecido al del  jade.

La pieza que mostramos como ejemplo es un plato que pertenece a la magnífica colección de porcelanas chinas del Museo Oriental del Real Monasterio de Santo Tomás de Ávila.

Plato celadón. Museo Arte Oriental. Monasterio de Santo Tomás. Ávila
Plato celadón.
Museo Arte Oriental. Monasterio de Santo Tomás. Ávila

 

Verde oliva

Es un verde claro, algo ceniciento y con poco brillo, que toma su nombre del color de las aceitunas (Olea europaea).

Aceitunas. Olea europaea.
Aceitunas.
Olea europaea.

 

 

Verde esmeralda

Es un verde intenso, luminoso y brillante. Las esmeraldas son la variedad verde  del mineral berilo (con pequeñas trazas de vanadio y cromo) .

Berilo var. esmeralda Museo Geominero. Madrid.
Berilo var. esmeralda
Museo Geominero. Madrid.

 

Esmeraldas. Museo Geominero. Madrid
Esmeraldas.
Museo Geominero. Madrid

 

Verde musgo

Es un color muy complejo, casi imposible de definir, por la gran variedad de colores de los musgos.

Ver el artículo “Verde musgo” dentro de esta categoría de “Colores”.

 

Verde aerugíneo

Es un verde mate, con mezcla de gris que se da en las hojas de algunas plantas y también en setas.

Ponemos como ejemplo el sombrerillo de Stropharia aeruginosa, una seta muy común en España en bosques de pinos y de robles. No tiene valor culinario, aunque no es ni tóxica ni venenosa.

Stropharia aeruginosa. Pto. de Canencia. Madrid.
Stropharia aeruginosa.
Pto. de Canencia. Madrid.

Verde glauco o verde mar

Es un verde con mezcla de azul. Es el color del agua del mar en una cala limpia, tranquila, de fondo rocoso y agua transparente.

 

Verde botella

Es un verde oscuro. Es el color del cristal de las botellas de vino de Burdeos, de cava o de sidra.

 

Terminamos el artículo de los nombres del color verde con uno de nuestros experimentos. Es una muestra de lana xisqueta teñida con Senecio vulgaris, usando la planta entera. El resultado es un bonito color cercano al verde oliva, de buena fijación y muy resistente a la luz.

Lana xisqueta teñida con Senecio vulgaris.
Lana xisqueta teñida con Senecio vulgaris.

 

 

COLORES DE PRIMAVERA: EL NÍSPERO

Teñir con índigo, con granza, con alazor, con hierba pastel o con cochinilla, es teñir sobre seguro.

Son buenos tintes naturales conocidos desde antiguo, de uso perpetuado a través de tradiciones, libros, manuales, recetas, tutoriales de youtube y cursos variados.

Se suelen usar en los cursos de teñido de lana porque no hay riesgo de fracaso con ellos; pero no dejan resquicio ni a la novedad, ni a la aventura.

Al llegar la primavera nuestros campos, parques, jardines, calles y fruterías, se llenan de plantas, flores y frutos que merecen consideración y experimentación tintorera.

Hoy traemos un ejemplo de fruto tintóreo inédito: el níspero.

Nísperos
Nísperos

El níspero es el fruto de un árbol de la familia de las rosáceas: Eriobotrya japonica (Thunb.)Lindl.

Es pariente muy cercano de manzanas, peras y membrillos. A pesar de su apellido japonica, procede de China.

Tiene muchas y probadas virtudes culinarias y medicinales a las que hoy añadimos una más: la piel y el carozo del fruto tiñen la lana de un bonito color anaranjado.

NÍSPERO. definitivo

La muestra que aparece en la imagen es una madejita de lana xisqueta de un cabo, mordentada con alumbre y con crémor y cocida durante varias horas con pieles y carozos de nísperos, usando una solución de bicarbonato sódico como entonador.

¡La imaginación tintorera al poder!

COLORES DE PRIMAVERA

Sonchus tenerrimus L. es una planta urbana, de la familia de las Compuestas, que empieza a florecer a primeros de abril.

En Madrid abunda en alcorques, setos, parterres, vallas e incluso se cría en grietas del pavimento adosada a paredes de edificios.

Las flores, de un amarillo vitelino, se agrupan en cabezuelas en los extremos de los tallos.

Cabezuelas de Sonchus tenerrimus
Cabezuelas de Sonchus tenerrimus

Es una planta generosa en su floración; sin  malicia en su anatomía, pues no tiene glándulas urticantes, ni espinas, ni aguijones; fácil de ver y sencilla de recolectar.

Para el tintorero urbano esta planta es un estímulo; el caldo de la decocción de sus flores tiñe la lana de un  bonito amarillo que se potencia a vitelino con un ligero toque de entonador alcalino.

Puede parecer, a veces, que la tintorería con materias naturales es un proceso solo para iniciados, un aprendizaje que solo se puede transmitir en largas y costosas sesiones de trabajo y que requiere de grandes habilidades para conseguirlo. No se lo crean.

Si quieren comprobarlo por su cuenta solo les  hace falta: un poco de alumbre, dos cazuelas, lana de oveja sin teñir y flores de Sonchus  recogidas por la calle.

Aquí pueden ver el resultado:

lana xisqueta teñida con flores de Sonchus tenerrimus
lana xisqueta teñida con flores de Sonchus tenerrimus

Hagan la prueba; merece la pena.

 

No todo lo bello tiñe. El caso de los lilos de California

En primavera los días se alargan y aumentan las horas de luz. Las plantas perciben el cambio y activan sus mecanismos de floración. Algunas lo hacen antes de desplegar las hojas, como es el caso de los olmos, que deben su amarillo primaveral a los frutos, que son precoces en relación a la foliación.

También se comportan así algunas magnolias, como Magnolia denudata Desr., y de ahí le viene el nombre específico de desnuda.

Magnolia denudata Desr.
Magnolia denudata Desr.

Son muchos los árboles y arbustos con el comportamiento contrario: cuando florecen  están bien cubiertos de hojas. Es el caso de los lilos de California (Ceanothus sp.), que llaman la atención a distancia por sus abundantes flores azules. Hay ejemplares muy bonitos en Madrid, en la Chopera del Parque del Retiro, en la explanada que rodea al Bosque del Recuerdo.

Lilo de California en el Parque del Retiro
Lilo de California en el Parque del Retiro

 

Al contemplar las flores, el botánico tintorero piensa que tal vez los pétalos tengan, además de cromóforos, auxocromos que permitan teñir lana con maravillosos tonos azules. Por aquello de “marzo ventoso y abril lluvioso…” hay muchas inflorescencias caídas en el suelo que se pueden recoger sin arrancar ni una sola de las ramas del arbusto.

Inflorescencias del lilo de California.
Inflorescencias del lilo de California.

 

Nada más sumergir las flores en agua fría, la colorean de un azul intenso.  Calentando hasta llegar a ebullición el líquido oscurece a un añil profundo que alimenta la esperanza de conseguir, por fin, lana teñida de azul sin usar índigo ni hierba pastel.

Azul de Ceanothus.2

 

Por muy bien preparada y  mordentada que esté la lana y por mucho tiempo que se deje cocer en el precioso baño de añil, la fibra no se tiñe. Ni tan siquiera se oscurece y, al aclararla, se van por el sumidero el agua azul y la esperanza del tintorero.

Ya se sabía, las plantas son muy suyas y no todo lo bello tiñe.

No todo lo bello tiñe

Hay flores que, con colores intensos y brillantes en sus corolas, no sirven para teñir lana ni usando mordientes, ni prolongando los tiempos de cocción hasta agotar el baño.

Sirva como ejemplo mi fracaso con las flores de la malva común, Malva sylvestris L.

flores de malva
flores de malva

Jardines, bordes de senderos, alcorques, baldíos y, en general, cualquier zona nitrificada, se llenan de malvas a finales de la primavera. Sus flores son vistosas, de unos 5 cm de diámetro, con cinco pétalos de color variable, que va desde el magenta pálido hasta el púrpura.

Las flores se separan bien de los pedúnculos y son fáciles de recoger porque como las plantas suelen alcanzar unos 70-80 cm. de altura de media y tienen una abundante floración, la empresa no resulta demasiado fatigosa.

En los experimentos he utilizado lana xisqueta mordentada con alumbre. Las flores de malva, limpias de cualquier resto ajeno, fueron a la cazuela metidas en una bolsa de rejilla.

El agua del baño, a medida que cocía, iba tomando un color rosa pálido, pero la lana no mostraba ningún síntoma de querencia por él. Pasado el tiempo oportuno y casi consumida el agua, la lana no tenía ni tan siquiera un ligero matiz que alterase el marfileño primitivo.

¿Por qué unas flores que tienen un color intenso son incapaces de teñir la lana? La respuesta está en la explicación de lo que son los cromóforos, los cromógenos y los auxocromos.

Los cromóforos (= que portan el color) son las moléculas responsables del  color de un material vegetal.  Es decir, son las moléculas capaces de absorber determinadas longitudes de onda de la luz y reflejar otras. Las que reflejan son las únicas que llegan a las células sensibles del ojo humano provocando en el cerebro la sensación de color.

Los cromógenos (= que generan el color) son los compuestos orgánicos que en su composición llevan moléculas cromóforas, una o más de una.

Los pétalos de las flores de malva tienen cromógenos con moléculas cromóforas. Estas moléculas absorben selectivamente las radiaciones azules y verdes del espectro y reflejan las rojas, anaranjadas y púrpuras. De ahí que nuestro ojo pueda percibir las variaciones del magenta al rosado de las corolas.

Si lo contamos del revés podemos decir que las flores de malva son coloreadas porque en los pétalos tienen cromógenos con cromóforos.

Los auxocromos (= que aumentan el color)  son moléculas, de variada composición y naturaleza química, que actúan sobre los cromóforos modificándolos de tal forma que puedan transferirse a otros materiales.

Para convertir un cromógeno en colorante, por muchos cromóforos que tenga,  le hace falta algo más, le hacen falta los auxocromos.

Los cromógenos de las flores de la malva tienen cromóforos, pero no tienen auxocromos, para desesperación del botánico tintorero.

Creo que debo de advertirles, aunque ya se habrán dado cuenta a estas alturas del relato, que las plantas son muy suyas en esto del color.

La flor de Jamaica (Hibiscus sabdariffa L.) es prima hermana de la malva (pertenecen ambas a la misma familia de las Malváceas) y además de cromógenos con cromóforos, que dan a sus flores color púrpura, tiene auxocromos que son los responsables de que sus flores tiñan la lana de un bonito color magenta.

pétalos de la flor de jamaica
pétalos de la flor de Jamaica

lana teñida con flor dde jamaica

 

 

Hoy nos sacamos los colores (I). Del color amarillo

En Botánica solo es posible identificar una planta si se puede cotejar, paso a paso, con la  descripción de la especie a la que se sospecha que pueda pertenecer.

La exactitud de estas descripciones depende del conocimiento de la terminología que tenga el científico. Es fácil traducir al lenguaje escrito datos que son mensurables, como tamaño y forma; más difícil es hacerlo con los que dependen de apreciaciones subjetivas, como es el caso  del color.

El léxico botánico es muy rico en nombres, de raíz griega o latina, que califican el color de los órganos de las plantas. Algunos forman parte del lenguaje coloquial, como dorado y lívido, pero otros no son de uso popular, a pesar de lo ajustado de su calificación.

En nuestros experimentos tintoreros a menudo nos encontramos con el reto de describir el color de las lanas teñidas con plantas.

En general no son colores bien definidos, suelen tener matices de otros tonos que les dan originalidad y belleza, pero al mismo tiempo gran dificultad para describirlos.

A manera de curiosidad exponemos a continuación algunos términos  con ejemplos de nuestra base de datos tintóreos.

SOBRE EL COLOR AMARILLO

Ambarino. Amarillo con tonalidades anaranjadas variadas, como el ámbar.
Ambarino. Amarillo con tonalidades anaranjadas variadas, como el ámbar.

 

LIMON
Citrino. Amarillo vivo con un toque de verde, como la cáscara del limón.

 

azafrán.2

Crocino. Amarillo con mezcla de rojo y naranja, como el estigma del azafrán.

 

ocre.buena.1
Ocre. Amarillo mezclado con marrón, como la cáscara molida de la granada.

 

SULFUREO
Sulfúreo. Amarillo pálido con un ligero matiz de blanco, como el mineral de azufre.

 

huevo
Vitelino. Amarillo intenso, como la yema del huevo de gallina.

A continuación mostramos tres ejemplos de amarillos conseguidos tiñendo  lanas con frutos de Maclura pomifera (Raf.) C.K. Schneid. y  Rosa sp. y con flores de  Calendula arvensis L.

Tenemos que advertir que los calibrados de color de las pantallas de ordenador son variables. Por ello es posible que se produzcan diferencias de matiz en la observación de las imágenes respecto a los originales.

lamina colores lana amarillos

Verde musgo

Les aseguro que, quien emplease por primera vez el musgo para definir un tono de verde, no era botánico.

Si todos los musgos fuesen verdes, igual de verdes, se podrían tomar como ejemplo de ese color, pero no es así.

Los hay que son blancos, como los del género Leucobryum (leucos = blanco). Tienen células verdes, con clorofila, que les permiten hacer fotosíntesis, como buenas plantas que son. Sin embargo, predominan en sus hojas las células muertas, rellenas de aire, que les dan el aspecto blanquecino al que alude su nombre.

Plateados también existen, como Bryum argenteum (argentos = plata), humilde de talla y habitante del medio urbano.

De un verde pálido con un ligero matiz azul, el verde glauco, son las hojas finas, alargadas, de Bartramia pomiformis.

Bartramia_pomiformis
Bartramia pomiformis

Rojo oscuro, con brillo metálico y tornasolado, es Bryum alpinum; solo por su color se puede distinguir de todos los vecinos que con él viven sobre rocas rezumantes.

Rojo herrumbroso es el color de las hojas secas de Polytrichum piliferum, que se adornan con un bonito pelo blanco en la punta, al que alude su nombre.

Polytr. piliferum
Polytrichum piliferum

Se puede ser más raro que un perro azul, pero no que un musgo azul, pues haberlos, haylos. Las células de las hojas de Mnium stellare, con la vejez, se van volviendo azules, hasta teñir de ese color a todo el musgo.

Negro como la noche, negro como el carbón, negro como el azabache, negro como mis penas, o negro como un musgo del género Andreaea, que también los hay, aunque no quede poética la comparación.

Dorados y refulgentes también existen; sirvan de ejemplo Hypnum cupressiforme, Homalothecium aureum y Homalothecium sericeum que, como su nombre indica, además de dorado brilla como la seda.

Hypnum_cupressiforme
Hypnum cupressiforme

Amarillo seco, opaco, pero intenso, es el color de Philonotis, un musgo de la misma familia que las glaucas Bartramia.

Philonotis
Philonotis sp.

Hasta los botánicos que estudian los musgos tienen dificultades en describir sus colores y recurren a términos tan ambiguos como verde pardusco, verde grisáceo, pardo rojizo, pardo oscuro, verde acastañado, amarillo verdoso, pardo amarillento, verde amarillento, verde oliváceo, azul verdoso, verde azulado, verde negruzco, verdoso, verde claro, verde vivo y verde oscuro.

Después de todos estos ejemplos estarán ustedes de acuerdo conmigo en que se podría modificar el refrán que dice “para los gustos se hicieron los colores” y decir “para los gustos se hizo el color verde musgo”.